La ola de violencia en México abre una brecha entre la Iglesia católica y el Gobierno

Los obispos mexicanos convocan a misas en todo el país para honrar a los sacerdotes asesinados y al resto de víctimas

Los púlpitos se rebelan contra la política de seguridad del Gobierno mexicano. El reciente asesinato de dos jesuitas en Chihuahua y la paliza a un tercer sacerdote en Michoacán han abierto una brecha entre la Iglesia católica y el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien afirma tener a Jesucristo como principal referente. Líderes religiosos ha solicitado, con palabras más o menos duras, un cambio en la estrategia de las autoridades para enfrentar la ola de violencia, y este lunes la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) llamó a celebrar misas en todo el país por los sacerdotes asesinados y el resto de víctimas. “La indignación de nuestro pueblo nos está abriendo una puerta para la paz”, afirmó la organización de los obispos.

La Iglesia católica no quiere soltar el altavoz. Desde hace dos semanas, cuando un líder local del narco asesinó a dos jesuitas en la sierra Tarahumara, las autoridades eclesiásticas no han cesado de pedir un cambio en una política de seguridad que consideran fallida. Unas decenas de feligreses y religiosos han marchado este martes por el Paseo de la Reforma en Ciudad de México para reclamar un alto a la violencia.

En otra muestra de descontento, la Conferencia del Episcopado ha convocado a una “Jornada de oración para la paz”. El cónclave de los obispos propone celebrar misas el próximo 10 de julio para honrar a los religiosos asesinados y celebrar oraciones a lo largo de este mes “en lugares significativos que representen a todas las personas que han desaparecido o sufrido una muerte violenta”.

El llamado está firmado por el arzobispo de Monterrey y presidente de la CEM, Rogelio Cabrera; el obispo de Cuernavaca y secretario general de la Conferencia, Ramón Castro; el líder de los Jesuitas en el país, Luis Gerardo Moro; y la presidenta de la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos (CIRM), Juana Ángeles Zárate. “Nuestra apuesta es por el diálogo social para construir un camino de justicia y reconciliación que nos lleve a la paz”, reza el comunicado.

Durante el fin de semana, el obispo de Cuernavaca se expresó de manera más contundente contra los “abrazos, no balazos”, una frase que el presidente pronunció al principio del sexenio y que ha terminado por simbolizar la política de seguridad del Gobierno. “Nunca será lícito ni legal que la autoridad civil claudique de su responsabilidad en materia de seguridad y paz social. Para eso tienen el poder y uso legítimo de la fuerza; ‘abrazos, no balazos’ es demagogia y hasta cierto punto complicidad”, declaró el obispo durante la “Caminata por la paz” en Cuernavaca, a la que acudieron cientos de personas.

En una línea de discurso similar, el provincial de los Jesuitas, Luis Gerardo Moro, afirmó en entrevista con este diario que la famosa frase del mandatario ya estaba “trillada”. “Toda estrategia puede ser revisada y, si es necesario, reformulada. No puede ser algo absoluto”, aseguró. El narco acusado de asesinar a los sacerdotes Joaquín Mora y Javier Campos campaba a sus anchas por la sierra Tarahumara, pese a que había una orden de aprehensión en su contra desde 2018. El presunto asesino sigue prófugo.

La ola de indignación que despertó el asesinato de los jesuitas sumó este fin de semana otra razón. Mateo Calvillo, un sacerdote de Michoacán, denunció haber sido atacado por un sicario en los alrededores de Queréndaro, al este del Estado. “Fue un ataque profesional, me bloquearon el carro, me agredieron a golpes”, dijo, en declaraciones recogidas por varios medios. Las imágenes difundidas muestran el rostro de Calvillo totalmente ensangrentado. En la última década, 30 curas han sido asesinados en México, según el Centro Católico Multimedial.

El presidente López Obrador no ha reaccionado bien a las críticas. Tras los discursos de los jesuitas durante el entierro de los dos sacerdotes asesinados, el mandatario acusó a algunos religiosos de estar “apergollados” por la oligarquía mexicana. No se quedó allí. Después de declarar que se identifica con el papa Francisco y que tiene a Jesucristo como “el dirigente social más admirado”, López Obrador dijo el lunes que había una “mano negra” detrás de la reciente oleada de críticas. “Los adversarios nuestros, como no han podido imponerse, ahora están queriendo que nosotros entremos a una polémica con las Iglesias”, señaló. “No podemos nosotros confrontarnos con ninguna Iglesia”.

Frente a la petición de cambio de estrategia en materia de seguridad, la respuesta ha sido un rotundo “no”. El Gobierno se agarra de una reducción mínima en el número de asesinatos para defender que su política está funcionando. Sin embargo, pese a la baja, en lo que va de Administración ya se han registrado más homicidios que durante todo el sexenio de Felipe Calderón (2006 – 2012), el impulsor de la llamada “guerra contra el narco”, y va camino de convertirse en el periodo más mortífero de la historia reciente de México.